El tintineo del manojo de llaves del padre Mariaga, ese fue el primer sonido que recuerdo que escuché al traspasar la portería y adentrarme por los pasillos del colegio.
Debía estar yo muy sensible en aquellos días, seguramente por los nervios del examen de ingreso, ya que también me molestó mucho la matraca y la voz chillona de la secretaria de la portería, cuyo nombre debería recordar, pero ahora no puedo.
Luego ese ruido de llaves me acompañó durante los siguientes dos años y medio.
Era el sonido que me esforzaba en escuchar, y que con el tiempo aprendí a distinguir si estaba cerca o lejos y si cabreado o contento, cuando "la "mala gente" de Villaverde" llegábamos tarde e intentábamos entrar en clase sin que "El Cura" nos descubriera.
Y era el ruido que oíamos al fondo del pasillo, cuando "en fila y junto a la pared" volvíamos del Recreo.
Y también era el sonido de las llaves volando y estrellándose contra el suelo, lo que te despertaba y te ponía alerta en un instante si por lo que fuera llegabas despitado o con sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario