sábado, 3 de julio de 2010

Las llaves ...

El tintineo del manojo de llaves del padre Mariaga, ese fue el primer sonido que recuerdo que escuché al traspasar la portería y adentrarme por los pasillos del colegio.

Debía estar yo muy sensible en aquellos días, seguramente por los nervios del examen de ingreso, ya que también me molestó mucho la matraca y la voz chillona de la secretaria de la portería, cuyo nombre debería recordar, pero ahora no puedo.

Luego ese ruido de llaves me acompañó durante los siguientes dos años y medio.

Era el sonido que me esforzaba en escuchar, y que con el tiempo aprendí a distinguir si estaba cerca o lejos y si cabreado o contento, cuando "la "mala gente" de Villaverde" llegábamos tarde e intentábamos entrar en clase sin que "El Cura" nos descubriera.

Y era el ruido que oíamos al fondo del pasillo, cuando "en fila y junto a la pared" volvíamos del Recreo.

Y también era el sonido de las llaves volando y estrellándose contra el suelo, lo que te despertaba y te ponía alerta en un instante si por lo que fuera llegabas despitado o con sueño.

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